Como el descenso de su último ocaso

Un clásico sigue siendo meternos por los ojos y en las ganas el clásico fenómeno astronómico sin precedentes y sin repetición posterior. Puede ser una aparición de una galaxia, una conjunción, o el avistamiento espectacular de un planeta. Y siempre recuerdan algo importante: Será la única vez que lo veamos en, pongamos, seiscientos o setecientos años.

Todo preparado para generar una especie de ansiedad astronómica hija de clickbait como no se ha visto anteriormente. Si es que a uno le viene una angustia existencial que en el peor de los casos puede durar hasta el acontecimiento astronómico único en milenios de la siguiente semana, que será anunciado con la misma fanfarria. La astronomía y la Liga, al mismo nivel de cebo. El algoritmo funciona. El conocimiento de la psique humana, también.

Acabamos día, semana, mes y año. El 1 de enero de 2024 es lunes. Como pasa con los reclamos astronómicos, parece imposible sustraerse al encanto de iniciar una obra, de escribir un blog. Hace años que planté el árbol y tuve el hijo. Si no lo escribo, tendré ansiedad hasta la próxima luna azul o una chorrada semejante. Igual pasan siete años calculados a ojirris, así que será el momento de empezar. 

– Espera, espera, payaso. ¿No decías que el comienzo de año es realmente el 1 de septiembre? Te lo recuerdo.

Les presento a Lockwood. Es mi voz interior,. Viene a importunarme en estos pequeños momentos de inconsecuencia, como hacía un monstruo traumático de mi vida anterior, que no debía haber existido. Bueno, no debían haber existido tantos… Sin embargo Lockwood no tiene mala intención. Le trato de usted.

– Pues claro, Sr. Lockwood, pero no me sea Roper, reconocerá usted que este 1 de enero tiene mucho encanto para algo así. Así que voy a trasladar la fecha de todos mis buenos propósitos del 31 de agosto al 31 de diciembre 2024. Y darme una pequeña prórroga en actos y proyectos que son casi de imposible cumplimiento, pero que aun así me pongo como objetivos.

– ¿Y si no los vas a cumplir por qué te los pones como objetivos? Lockwood me trata de tú y con poco respeto. Es el último rescoldo de mi autoestima destruida, que vuelve a creerse alguien.

– Pues por ilusión y por fijar una meta, aunque sea de difícil consecución.

– Está usted de psicólogo.

– Pues ya voy a consulta, aunque igual este año dejo de ir. ¿Me lo valida usted como objetivo?

– Ni de coña.

– Pues nada, Sr. Lockwood, que tenga usted de todos modos un feliz 2024. Y si no bebe, al menos haga como que beba. Yo lo haré esta noche y no sé cuándo volverá a ocurrir. Es largo de explicar.

Y que 2024 sea un feliz año y que ilumine a todos los que alguna vez lean esto.

Que ruede el blog de Miguel Mesleón.


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