Ayer nos sentamos durante muchas horas para ver la inauguración de los Juegos Olímpicos. Por resumir, a mí no me gustó nada y a Ana le gustó bastante pero reconoce que se aburrió varias veces. Pero como de todo, hasta de lo malo, se puede sacar algo bueno, aquí hago una lista de cinco cosas que me han gustado o encantado. Luego va lo malo.

CINCO COSAS QUE ME HAN ENCANTADO
1. Aya Nakamura y la banda
No voy a pretender que sabía quién era esa señora tan mostrenquis que cantó a mitad de la inauguración (sí sé quién es Hiro Nakamura, de quien toma el nombre). Pero me encantó la actuación, sus coreografías y la banda de música, por favor, traigan aquí a esa banda.
2. El baile urbano en el muelle
Fue emitido de mala gana y a saltos por la organización televisiva, pero muy bonito ese número de baile urbano con muchísimas parejas. No tengo otra forma de mencionarlo, pero supongo que saben ustedes a cuál me refiero.
3. Celine Dion
Cuando ya parecía que se quedaba ahí el homenaje a Edith Piaf, en el rosa de los muelles y algún pequeño tarareo, (re)aparece ella con el Himno al Amor. El Cielo se puede caer sobre nosotros… en fin, qué se puede decir. Emoción a flor de piel.
4. Las caras de Carl Lewis
Esto podría ir igual en lo malo, pero ya he dicho que he decidido verlo todo con la mejor versión de los ojos. Las caras del Hijo del Viento no tenían precio. ‘Voy a echar la raba’. ‘Quién coño me mandaría’. ‘Mis medallas por una Biodramina’… El lenguaje no verbal nunca engaña
5. Y, por supuesto, Rafa Nadal
No podía ser de otra forma, estaba claro, ñiñiñi. Sí, hablar a toro pasado es muy fácil. Pero no. Ha sido un agradable sorpresón. Ahí aparece Don Rafael Nadal (sííííí, Parera) con su bonhomía, su seniority y toda su ilusión. Gracias.
… Y DIEZ COSAS QUE NO ME HAN GUSTADO
1. El concepto, o sea, básicamente todo
A quién se le ocurre hacerse el original y sacar la ceremonia del estadio. Sí, ya sé, en su mente parecía una idea brillante. Pero no. Se ha perdido el calor del público sólo por rendir un homenaje a su río en un ejercicio de ombliguismo. Hubo demasiados focos de atención a la vez. También hubo abuso de grabaciones. En fin, era el concepto.
2. La realización televisiva
Como he dicho, al tener la idea de dispersar el foco de la ceremonia, la realización estaba como choto sin madre, saltando de un sitio a otro con poco ton y menos son. ¿Y la lluvia? Hasta en España, donde no estamos acostumbrados, conseguimos cuando llueve una realización sin que enseñe ni un solo objetivo de cámara mojado. Pues ayer, en la ciudad de la lluvia, al revés.
3. El momento en que han querido parecerse a Eurovisión
Aburridísimo y hortera el momento de los desfiles de modelos, la diversidad uaaaaaaah (bostezo) y los bailes a lo Eurovisión. ¿Algún día aprenderán que la libertad sexual no tiene necesidad de aparecer relacionada con la horterada y el mal gusto?
4. La duración de todo
No me refiero a toda la ceremonia, en global, sino a la duración de los números. Largos fueron ese rollo repetitivo exento de glamour de Lady Gaga, los eternos bailes o el numerito de láseres en la Torre Eiffel tratándonos como si fuésemos Paco Martínez Soria llegando a la ciudad y nunca hubiéramos visto láseres. ¡Si hasta cantaron La Marsellesa dos veces! Sólo la Habanera de Carmen fue un remanso de duración adecuada.

5. El momento en que han querido parecerse a los Oscar
Cuando le dan un premio a no sé qué señor italiano y se pega un discurso inaguantable. ¿Qué querían? ¿Imitar a los Oscar en aburrimiento? Que aparezca Will Smith, por favor
6. La homilía laica con el tostón de la sororidad
Señores, los sermones me los trago en la iglesia los domingos. Métanse su femitostón naftalínico por donde les quepa. ¿A que con Roro no tenéis sororidad, pequeños Torquemadas? Y no, el aborto no es un derecho, es una tragedia.
7. Macron
Reconozco que me pasa como con Von der Poni, con él he pasado del amor al odio en cero coma. Pero esa actitud de César modernillo (cuando es más cesáreo y menos modernillo que el gilipollas de Miterrand) es inaguantable.

8. Los lugares
Al sacar todo del estadio, se pone la tribuna presidencial en Trocadero como la grada de un partido de volley playa. Cutre total. Y señores de TF1, aunque que he estado en París no me conozco el nombre de todo, ni yo ni nadie. Algún rótulo (unas dos docenas) se hubiera agradecido.
9. La bandera olímpica
Entroncando con mis puntos 2 y 4, nos enseñaron hasta la náusea y el bostezo esa bandera olímpica en balsa y caballito autómata, y en un fallo de montaje la (¿?) jinete aparece con un caballo de verdad sin solución de continuidad. ¡Y luego izan otra! Pero qué cacao tenéis y qué cacao nos habéis hecho, mes amis.
10. La antorcha olímpica
¿Pero por dónde iba esa puta antorcha, por favor? No había quién se enterara de algo con esas grabaciones propias de las presentaciones de países en Eurovisión, o de los intermedios del Concierto de Año Nuevo más que de una retransmisión en directo al mundo entero. Cuando la llama termina saliendo del subsuelo en las gradas de volley playa de Trocadero ya nos sudaba el nardo qué había sido de la antorcha. Y luego otra vez de vuelta al Louvre. Madre mía…