Del 5 al 12 de agosto. What a week, huh?

El meme que va a dar nombre a esta sección es, como pensaba, de aquí, pero para mi pasmo es falso, se lo contesta Alec Baldwin a Tina Fey en una serie

Unos buenos consejos de Jordi Martí para Báter, digo Twitter, digo X

Qué lujo de pregonero en las fiestas de Salas de los Infantes

Bonitas palabras de Francisco sobre la lectura

Cabales enseñanzas de una Maestra en nubes

He acabado esta absoluta maravilla

… y sigo leyendo este otro impactante libro

España, un poquito cavernícola (surprise surprise)

Un periódico español cualquiera de hoy

Jordan Díaz saca brillo al atletismo.

Bravo, campeón. No nos lo esperábamos, ha sido un agradable sorpresa

Las finanzas ruinosas de las exmonjas clarisas de Belorado

Era la pasta. Como los corruptos nacionalistas catalanes, o como en las películas de La Jungla. Me parece que las hermanas son un poquito sinvergüenzas.

La Casa Real noruega, sin protocolo para el hijo díscolo de Mette Marit

Para estas cosas añoro tiempos pasados, soluciones rápidas y efectivas como cargarle de cadenas y enviarle de por vida a las mazmorras de Palacio, ponerle una máscara de hierro o la decapitación.

España vende 800.000 coches eléctricos menos de lo previsto por el Gobierno

Menudo burbujón…

Los Mossos, …

Espera, espera, no comment, ni puta bola al payaso de Peluc.

Ucrania ya cava trincheras… en Rusia

Europa recela de Teresa Ribera por su posición antinuclear

En toda Europa vuelven y nosotros vamos, qué vergüenza… vaya cavernícola en contra de la Historia

Santoral. San Lorenzo

Hace calor

Cae una red que timó a 320 víctimas con la farsa del ‘hijo en apuros’

Espero que castiguen duro a estos hijos de puta

The day the music died

Recuerdo con total claridad el momento exacto en que empecé a detestar la música actual. Fue cuando mi hija, que en ese entonces tenía diez años, me puso un reguetón interpretado por un modorro que cantaba (más o menos):

«Yo paso a buscarte, espérame afuera pa’ así no llamarte.»

Si mi hija, a la que había intentado inculcar un mínimo de gusto musical, cantaba semejante basura, la batalla estaba perdida. Solo me quedaba un odio profundo hacia esos modorros y congestionados—los dos tipos de reguetoneros que conozco. Y, por extensión, hacia TODO. Estoy casi seguro de que cualquier Top 50 de Spotify actual me resultaría espantoso.

(Por cierto, también recuerdo haberle dicho: «Todo un caballero el que dice eso, hija. Si alguna vez conoces a un tipo así, huye, insensata.»)

Sin embargo, tengo más borroso el recuerdo del paso previo, es decir, cuándo la música que se hacía dejó de interesarme. Puede que fuera por la edad, o tal vez por la calidad. Lo más probable es que por ambas razones.

Ese desinterés tuvo que haber llegado poco después de terminado el éxito de Nevermind de Nirvana, o quizás podría extenderlo hasta Sin documentos de Los Rodríguez. Y ahí se detuvo. Es decir, entre 1992 y 1994. Es posible que alguien que lea esto y comparta mi boomeridad sienta algo similar. No necesariamente con las mismas canciones, pero sí con la época.

Por eso me llamó la atención un artículo de El País que comienza afirmando que 1994 es considerado, de manera bastante unánime, como el último gran año del siglo XX en cuanto a cosecha discográfica.

Se refiere específicamente a tres grupos o cantantes. Solo me sonaba el primero (sé lo que van a decir, no se molesten):

Así que aquí dejo mi opinión sobre cada uno de ellos, ya que los escuché (de forma consciente) por primera vez:

Oasis. Siempre me cayeron mal esos tipos, puestos de todo, con sus morritos de enfant terrible y otros gestos que ya eran viejunos a finales de los 60. Hoy los escuché (ya digo, que yo sepa) por primera vez. Exactamente lo que me imaginaba: sonido de festival de verano, con calor, mosquitos y cuerpos sudorosos, donde no te importa nada porque lo único que te interesa es pillar droga.

Portishead. Bueeeeeno, no está mal. También del mismo festival, pero en lugar de tocar a las 10 de la noche, lo harían a las 4 AM. Quizás los ponga algún día para estudiar algún tema facilón de Derecho Laboral.

Jeff Buckley. Este sí me gusta. Perfecto para escuchar en el coche (un par de canciones, tampoco empecemos a chuparnos las pxxxxs), lo cual es prácticamente lo mejor que puedo decir de un cantante.

Como mencionaba, si alguien, especialmente de la boomeridad, quiere dejar su opinión en los comentarios (y como ya dije, pueden ahorrarse lo que Yoda comenta más arriba), se lo agradeceré.

Encuentro con una señora a la que creía muerta

Soy una persona introvertida, o al menos así me considero. En Innisfree, aparte de una docena de personas con las que me detengo a conversar, con el resto soy simplemente educado: una sonrisa, buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Una de esas personas de dar los buenos días ha sido Carmen, llamémosla así, aunque no estoy seguro de su nombre real. Igual hasta se llama así. Tras algunos años sin ver a Carmen, hoy me la encontré cerca de la iglesia. Al haber pasado tanto tiempo sin verla, había dado por hecho que Carmen había fallecido hace algunos años, pensando que formaba parte de los desaparecidos del pueblo a los que pasado algún tiempo recuerdo con cierta nostalgia. Por eso mi

¡¡¡Cuánto me alegro de verte!!!

fue tan genuino, acompañado de un abrazo y de un lenguaje no verbal tan sincero, que la señora, sin saber el motivo real de mi alegría, se ha emocionado.

Hemos superado con creces los dos minutos conversando. Y ahora sé que hay un ‘todos’. El problemilla ahora es saber quiénes son, y asegurarme del nombre de Carmen para no quedar en ridículo. Pero, de momento, me he llevado una alegría más grande que mis mezquinos problemillas de sociabilidad rural.

Oración y cringe

En mi parroquia de Madrid o cuando voy a misa en mi Innisfree burgalés, suelo cerrar los ojos al rezar el Padrenuestro. Llevo tiempo haciéndolo para conectar mejor, olvidar los sentidos y alcanzar algo más de hondura en mi oración. Ya bastante me disperso durante el sermón (lo siento, no soy TDA, pero soy H).

Pero últimamente tengo otro motivo. Y es la media docena larga de personas que, al rezar el Padrenuestro, ponen las manitas para arriba, como si estuvieran recibiendo algo del Cielo o yoquésé.

No, hombre, no

No sé quién lo haría la primera vez ni de qué película de tarde moñas o fuente pseudoespiritual salió, pero como dicen ahora los millennials, verlo me da cringe. O sea, lo que viene siendo la vergüenza ajena de toda la vida. No tiene sentido un gesto así. Si alguien se siente mejor haciéndolo pues adelante, pero lo siento, aparte del postureo me parece una demostración de ignorancia. El único gesto genuinamente cristiano que tendría sentido es el de enseñar la palma de la mano como signo de paz.

Es algo que hasta Spielberg tiene claro (04:15)

Mi Innisfree burgalés. La paz de Yeats

A mis 18 años no me resigné a que lo único que conociera de William Butler Yeats fuera que su distinguido porte aparecía en los billetes de 20 libras, que por entonces, vacas gordas, sobraban en mis veranos irlandeses. Así que me compré una antología poética bilingüe de Alianza Editorial, que acabó pegajosamente manchada de pacharán, algún día de tránsito por el lado oscuro del que no quiero acordarme.

Me emocionaba la poesía de La isla del lago de Innisfree, no sólo porque en mi película favorita el pueblo toma su nombre de aquí. También por la profunda belleza que este poema destila.

Estos días disfruto de mi Innisfree burgalés. No tiene el verdor de los campos irlandeses pero cumple con el pino y las sabinas. Aquí no hay hileras de judías, pero hay paz. Hacemos planes para el futuro y para defendernos de los que nos desean el mal, que son unos cuantos, y muy malos, como los sarracenos del verso. Nuestra vida está siendo un combate. Ana y yo somos razonablemente felices, pero aquí alcanzamos un grado cualificado de paz y felicidad.

Allí la medianoche es una luz tenue (W.B. Yeats)