Recuerdo con total claridad el momento exacto en que empecé a detestar la música actual. Fue cuando mi hija, que en ese entonces tenía diez años, me puso un reguetón interpretado por un modorro que cantaba (más o menos):
«Yo paso a buscarte, espérame afuera pa’ así no llamarte.»
Si mi hija, a la que había intentado inculcar un mínimo de gusto musical, cantaba semejante basura, la batalla estaba perdida. Solo me quedaba un odio profundo hacia esos modorros y congestionados—los dos tipos de reguetoneros que conozco. Y, por extensión, hacia TODO. Estoy casi seguro de que cualquier Top 50 de Spotify actual me resultaría espantoso.
(Por cierto, también recuerdo haberle dicho: «Todo un caballero el que dice eso, hija. Si alguna vez conoces a un tipo así, huye, insensata.»)
Sin embargo, tengo más borroso el recuerdo del paso previo, es decir, cuándo la música que se hacía dejó de interesarme. Puede que fuera por la edad, o tal vez por la calidad. Lo más probable es que por ambas razones.
Ese desinterés tuvo que haber llegado poco después de terminado el éxito de Nevermind de Nirvana, o quizás podría extenderlo hasta Sin documentos de Los Rodríguez. Y ahí se detuvo. Es decir, entre 1992 y 1994. Es posible que alguien que lea esto y comparta mi boomeridad sienta algo similar. No necesariamente con las mismas canciones, pero sí con la época.
Por eso me llamó la atención un artículo de El País que comienza afirmando que 1994 es considerado, de manera bastante unánime, como el último gran año del siglo XX en cuanto a cosecha discográfica.
Se refiere específicamente a tres grupos o cantantes. Solo me sonaba el primero (sé lo que van a decir, no se molesten):
Así que aquí dejo mi opinión sobre cada uno de ellos, ya que los escuché (de forma consciente) por primera vez:
Oasis. Siempre me cayeron mal esos tipos, puestos de todo, con sus morritos de enfant terrible y otros gestos que ya eran viejunos a finales de los 60. Hoy los escuché (ya digo, que yo sepa) por primera vez. Exactamente lo que me imaginaba: sonido de festival de verano, con calor, mosquitos y cuerpos sudorosos, donde no te importa nada porque lo único que te interesa es pillar droga.
Portishead. Bueeeeeno, no está mal. También del mismo festival, pero en lugar de tocar a las 10 de la noche, lo harían a las 4 AM. Quizás los ponga algún día para estudiar algún tema facilón de Derecho Laboral.
Jeff Buckley. Este sí me gusta. Perfecto para escuchar en el coche (un par de canciones, tampoco empecemos a chuparnos las pxxxxs), lo cual es prácticamente lo mejor que puedo decir de un cantante.
Como mencionaba, si alguien, especialmente de la boomeridad, quiere dejar su opinión en los comentarios (y como ya dije, pueden ahorrarse lo que Yoda comenta más arriba), se lo agradeceré.