En mi parroquia de Madrid o cuando voy a misa en mi Innisfree burgalés, suelo cerrar los ojos al rezar el Padrenuestro. Llevo tiempo haciéndolo para conectar mejor, olvidar los sentidos y alcanzar algo más de hondura en mi oración. Ya bastante me disperso durante el sermón (lo siento, no soy TDA, pero soy H).
Pero últimamente tengo otro motivo. Y es la media docena larga de personas que, al rezar el Padrenuestro, ponen las manitas para arriba, como si estuvieran recibiendo algo del Cielo o yoquésé.

No sé quién lo haría la primera vez ni de qué película de tarde moñas o fuente pseudoespiritual salió, pero como dicen ahora los millennials, verlo me da cringe. O sea, lo que viene siendo la vergüenza ajena de toda la vida. No tiene sentido un gesto así. Si alguien se siente mejor haciéndolo pues adelante, pero lo siento, aparte del postureo me parece una demostración de ignorancia. El único gesto genuinamente cristiano que tendría sentido es el de enseñar la palma de la mano como signo de paz.
Es algo que hasta Spielberg tiene claro (04:15)