Reencarnaciones estupendas y algún problemilla de protocolo

Siempre resulta fascinante la existencia de personas que afirman ser reencarnaciones de figuras históricas importantes. Es curioso cómo casi siempre se identifican con personajes de gran relevancia: faraones (Cleopatra parece ser una favorita recurrente), reyes, reinas, césares e incluso káiseres de Prusia.

Lo verdaderamente llamativo es la ausencia total de reencarnaciones de individuos comunes. Nunca encontramos a alguien que recuerde haber sido un humilde labriego del siglo XVI en La Almunia de Doña Godina, o una obrera textil en el Manchester del siglo XIX. ¿Cómo funciona esto? ¿Las vidas con menos glamour no otorgan el don de ser recordadas o, quizás, ni siquiera la posibilidad de reencarnarse?

Un caso llamativo es el de Billy, hijo de David Campbell, un reconocido presentador australiano de televisión. Este niño, según se afirma, sería, cómo no, la reencarnación de una princesa. Pero no una cualquiera. Nada menos que de Diana de Gales.

Esta situación plantea un grandísimo cacao protocolario. Si el hijo de Campbell es efectivamente Lady Di reencarnada, técnicamente sería la Reina del Reino Unido. Considerando la nacionalidad australiana de la familia, nos enfrentamos a la paradoja de que el niño sería la legítima Jefa de Estado consorte de su propio padre. Sí, el Rey y la Reina del Reino Unido son Jefes de Estado de Australia, como burlonamente se encargan de recordarlo estos días los telediarios. No quiero ni pensar las dificultades que esto podría generar en el día a día, y en la educación del niño-princesa. ¿Puedes regañar a una Jefa de Estado por, pongamos por caso, no hacer los deberes?

Para más inri, el Rey Carlos III y la Reina Camilla se encuentran de visita oficial en Australia. Al estrés de tener a Lady Di transmigrada en casa se suma el de la visita de su ex marido y la actual esposa de éste. Yo por si acaso no llevaría al niño a ningún acto oficial no vaya a ser que lo que aparenta ser un niño de seis años le saque los ojos a alguien.

Climadrama

Ayer en el Telediario de las tres. La presentadora se dirige al meteorólogo (llevan tiempo sin decir metereólogo) para preguntar si es normal que llueva tanto en otoño. Detrás, todo el rato, un gigantesco rótulo virtual sensacionalistón reza

OTOÑO LLUVIOSO

Absolutamente flemático, el interpelado responde: ‘Bueno, es normal que en otoño llueva’. Luego desarrolla un poco el tema de las cantidades o lo sorpresivo pero no abandona la premisa principal.

El tema del cambio climático, en no pocas ocasiones, es ridiculizado únicamente por la sobreactuación de los informadores o el color de los mapas. Abundan las conversaciones como ésta. Creo que calaría más cualquier alerta climática si no se hicieran melonadas así todos los días. Y que habría muchos menos escépticos sobre este asunto.

Otra cosa es que sea ése el objetivo, cosa que estoy empezando a intuir. Que siga existiendo gente que dude, fachas, negacionistas, gente a quien culpar o con quien meterse le viene muy bien a algunos. Desde luego dar las noticias del tiempo de esta manera es una auténtica fábrica de escépticos ¿Es lo que quieren o necesitan? ¿O simplemente les puede el buenismo, moñismo y monjismo?