Colocarse y al lora

Enrique Tierno Galván ha sido el alcalde más siniestro y sobrevalorado que ha tenido Madrid. Todo lo que le rodea en su bio es exagerado, leyenda urbana o simplemente fake. Empezando por lo más sencillo, su apodo, el Viejo Profesor, que es… mentira. Vayan ustedes a Google, vayan, y comprueben con pasmo cómo en el año al que me voy a referir el Viejo Profesor ni siquiera era viejo… ni lo fue nunca.

En plena época de la Movida Madrileña, y en la Zona Cero temporal de la chulería y soberbia del ‘loz zocialihtah hemoh ganaaaao’, Tierno fue a un concierto. Era 1984. Y dijo aquello de ‘el que no esté colocado, que se coloque y al loro’. Frase que ya entonces sonó viejuna e inaceptable. Convertido en un más que injustificado mito, no vivió mucho más después de aquello. Se montó un entierro en Madrid que se puede definir con una sola palabra que le encantaba a mi padre: Astracanada.

Hoy he empezado a tomar el lorazepam. Ante un próximo reto febrerino que resulta una auténtica montaña (no, no exagero, ojalá), el médico me lo ha recetado para los malos momentos. Así lo ha dicho. En realidad su frase ha sido ‘para los peores momentos, no lo tomes todos los días’.

Así que ahora trato de escribir mi post diario, ése de los propósitos de Año Nuevo, bastante colocado. Con sensación de sueño, losa en la cabeza, borrachera, pero eso sí, con la ventaja de sentir que todo me la sopla, con una concentración plasmática de un estupendo hipnótico de lo más chupiguay. ¿Que chupiguay es viejuno? Pues claro, como el profesor que no era viejo.

Así que a colocarme y al lora.

Ese lorito blanco que corre por mis venas

Jaaaarl