Encuentro con una señora a la que creía muerta

Soy una persona introvertida, o al menos así me considero. En Innisfree, aparte de una docena de personas con las que me detengo a conversar, con el resto soy simplemente educado: una sonrisa, buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Una de esas personas de dar los buenos días ha sido Carmen, llamémosla así, aunque no estoy seguro de su nombre real. Igual hasta se llama así. Tras algunos años sin ver a Carmen, hoy me la encontré cerca de la iglesia. Al haber pasado tanto tiempo sin verla, había dado por hecho que Carmen había fallecido hace algunos años, pensando que formaba parte de los desaparecidos del pueblo a los que pasado algún tiempo recuerdo con cierta nostalgia. Por eso mi

¡¡¡Cuánto me alegro de verte!!!

fue tan genuino, acompañado de un abrazo y de un lenguaje no verbal tan sincero, que la señora, sin saber el motivo real de mi alegría, se ha emocionado.

Hemos superado con creces los dos minutos conversando. Y ahora sé que hay un ‘todos’. El problemilla ahora es saber quiénes son, y asegurarme del nombre de Carmen para no quedar en ridículo. Pero, de momento, me he llevado una alegría más grande que mis mezquinos problemillas de sociabilidad rural.