Encuentro con una señora a la que creía muerta

Soy una persona introvertida, o al menos así me considero. En Innisfree, aparte de una docena de personas con las que me detengo a conversar, con el resto soy simplemente educado: una sonrisa, buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Una de esas personas de dar los buenos días ha sido Carmen, llamémosla así, aunque no estoy seguro de su nombre real. Igual hasta se llama así. Tras algunos años sin ver a Carmen, hoy me la encontré cerca de la iglesia. Al haber pasado tanto tiempo sin verla, había dado por hecho que Carmen había fallecido hace algunos años, pensando que formaba parte de los desaparecidos del pueblo a los que pasado algún tiempo recuerdo con cierta nostalgia. Por eso mi

¡¡¡Cuánto me alegro de verte!!!

fue tan genuino, acompañado de un abrazo y de un lenguaje no verbal tan sincero, que la señora, sin saber el motivo real de mi alegría, se ha emocionado.

Hemos superado con creces los dos minutos conversando. Y ahora sé que hay un ‘todos’. El problemilla ahora es saber quiénes son, y asegurarme del nombre de Carmen para no quedar en ridículo. Pero, de momento, me he llevado una alegría más grande que mis mezquinos problemillas de sociabilidad rural.

Mi Innisfree burgalés. La paz de Yeats

A mis 18 años no me resigné a que lo único que conociera de William Butler Yeats fuera que su distinguido porte aparecía en los billetes de 20 libras, que por entonces, vacas gordas, sobraban en mis veranos irlandeses. Así que me compré una antología poética bilingüe de Alianza Editorial, que acabó pegajosamente manchada de pacharán, algún día de tránsito por el lado oscuro del que no quiero acordarme.

Me emocionaba la poesía de La isla del lago de Innisfree, no sólo porque en mi película favorita el pueblo toma su nombre de aquí. También por la profunda belleza que este poema destila.

Estos días disfruto de mi Innisfree burgalés. No tiene el verdor de los campos irlandeses pero cumple con el pino y las sabinas. Aquí no hay hileras de judías, pero hay paz. Hacemos planes para el futuro y para defendernos de los que nos desean el mal, que son unos cuantos, y muy malos, como los sarracenos del verso. Nuestra vida está siendo un combate. Ana y yo somos razonablemente felices, pero aquí alcanzamos un grado cualificado de paz y felicidad.

Allí la medianoche es una luz tenue (W.B. Yeats)